La declaración de amor de Ennio Morricone

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Que pretendía escribir sobre ‘Cinema Paradiso’ era algo obvio en mi cabeza, pero para mi sorpresa y debido a su reciente marcha, me he visto con el ímpetu de escribir antes sobre quien le dio alma sonora a la película: Ennio Morricone.

El lunes pasado se le dijo adiós a este gran compositor y se han vuelto a recordar sus composiciones para quedarse en nuestras cabezas de por vida.

¿Qué os viene a la mente si escucháis algo así?

A mí, me viene a la mente el pequeño y travieso Totó colándose por la ventanilla por donde puede ver a Alfredo, el proyeccionista de su pueblo, reponiendo las películas del cine clásico en el ‘Cinema Paradiso’.

La banda sonora de la película, compuesta por Morricone padre y Morricone hijo (Ennio y Andrea), acompaña la historia con la nostalgia característica que evoca al escucharla. Podría (la música) parecer un personaje más, que, cuando aparece en escena, afloran los sentimientos.

Ennio Morricone, que dejó esta vida recientemente con 91 años y con muchísimo legado musical, dentro y fuera del cine, siempre ha recalcado (con su famoso genio de gruñón y con sarcasmo ácido), que no hacía encargos melódicos de mero acompañamiento para imágenes del cine sino que le gustaba componer para que se pudiesen entender sus piezas musicales de forma independiente. Pero que, como compositor para películas, siempre debía permitirse ser flexible con los cambios de estos encargos para llegar a un acuerdo director-compositor.

¡Pero si hasta mandó al cuerno al mismísimo Quentin Tarantino cuando consideró que usaba su música de forma azarosa en las películas! No sin reconciliarse posteriormente con el director, dejando una genial e imaginativa composición para la película ‘Los Odiosos Ocho’ (la que que finalmente catapultó la estatuilla de los Óscar hacia sus manos en 2019).

También rehusó un encargo de Flavio Mogherini cuando le pidió “un Tchaikovsky”: “Yo no le hago una mierda”. Y le colgó.

En una entrevista conducida por el periodista Jesús Ruiz Mantilla a Ennio Morricone el año 2007, para el periódico ‘El País’,  respondió claro el motivo de su contra-ofrecimiento de estas situaciones:

La música del cine no pertenece al compositor que la escribe. Pertenece a la película. Si hay algo del compositor, suele ser algo muy personal, muy íntimo, pero lo que prima es la necesidad de la historia que cuenta la película. Cada uno tiene su caligrafía; uno no puede sustraerse a lo que es, y puede llegar a convertirse muchas veces en una expresión personal…’

Es por ello que Morricone, renegaba más bien de las melodías arbitrarias, caprichosas, o imitadoras de otras, que no ofrecían con ellas un protagonismo a los momentos o escenas en los que sonaba. ‘NO SE ESCUCHA’ decía de la música compuesta por Clint Eastwood en sus propias películas. Que al no ser llamativa por sí misma, quizás, la veía inútil dentro de la película, ya fuese bella o no lo fuese. Pero sí (según Ennio) carente de utilidad.

Lleno de genio, de principios y del don de la composición de preciosas obras y el trabajo duro, el que ganara la estatuilla a la Mejor Música Original por ‘Los Odiosos Ocho’ y 5 nominaciones más, así como el Premio Princesa de Asturias, el maestro Ennio Morricone deja un legado mundial, no sin pasar por el gigante americano pero sí haciéndole frente desde su bella Italia. Por lo que se dice que no ganó más Oscar por este motivo.

Periodista: ‘Ya no trabaja EN EEUU.’

Ennio Morricone: ‘Sí, a ver si entiende lo que le digo. Que no, que es que no me sale de los cojones. Prefiero trabajar en Italia, y vale. No quiero trabajar mucho, ¿entiende? ¡Además, me ponen estas entrevistas que me agotan!’

– Ironizaba Morricone en la entrevista de Jesús Ruiz Mantilla para el periódico ‘El País’. –

Quizás esta declaración de guerra y muchas otras a lo largo de su trayectoria pública, a lo que no le gustaba, fuera lo que destacase de la pureza de su verdadera magia. Hacía lo que le llenaba de verdad.

De hecho, la música que compuso para ‘Cinema Paradiso’ (una de mis películas favoritas) es una de las que más intensidad emocional le concedía de toda su carrera musical en el cine, y lo reconocía en público. Quizás, porque el drama se basa en una Roma nostálgica con flashbacks del pasado sobre  una infancia de posguerra (la infancia de Totó), que seguramente a Morricone le tocó conocer de cerca en la Italia de posguerra real.

En la película, hay un pequeño Totó, que con sus travesuras infantiles consigue que el cascarrabias del proyeccionista del pueblo, el señor Alfredo, ceda a la insistencia del niño hasta que, finalmente, le enseña a operar el proyector del cine, no sin varios incidentes por el camino que a Afredo le sacan de quicio. Gesto que, años más tarde, cobra una gran relevancia en la película, cuando el pequeño Totó vuelve a Roma en los 80 siendo ya un hombre.

Quienes hayáis visto ‘Cinema Paradiso’, sabréis de qué hablo. Si no la habéis visto ¿A qué esperáis?

Porque ‘Cinema Paradiso’ es una DECLARACIÓN DE AMOR AL CINE y, Ennio Morricone compone el tema del amor para la película. Cuando todo se une, imagen y música, escenas de besos y de amor censuradas en la época en un mismo montaje, el gesto del pasado de Alfredo y el amor de Totó  y la intensidad de la música de Morricone, todo cobra sentido y  gana sentimiento. Se entiende junto pero también por separdo. Cada gesto, cada beso y la música.

Es la paradoja de que lo que parece prohibido e imposible (como que entre Totó a molestar a Alfredo de forma incansable a la sala del proyector), pueda convertirse en una declaración de intenciones en un futuro.

Morricone sería nuestro Alfredo de la música: sus principios primero siempre que la verdadera joya de la música pueda cobrar sentido y te haga entenderla y sentirla en su conjunto. Como las escenas cortadas de los besos en el ‘Cinema Paradiso’ y la banda sonora del amor.

Él hizo una declaración de amor a la música, porque pensaba pensaba en ella incluso en sueños y esparcía sus partituras por el sofá, y a su mujer, que con orgullo la nombraba como ayudante y pensante incondicional en la creación de sus composiciones. A ella, su mujer, es a la que le dedica la vida, el Óscar y sus logros, e incluso en su carta de despedida antes de irse de esta tierra para pasar a nuestra memoria cultural.

Por su vida dedicada en cuerpo y alma al arte de la música, entendamos a Ennio Morricone como lo que fue y seguirá siendo: no sólo un gran compositor de películas sino un gran compositor en sí mismo.

3 Comments

  1. Mafalda dice:

    Las bandas sonoras en las películas son expectaculares, y tan importantes….

    Que bueno Morricone!!!

  2. […] a otros mundos siempre a tiempo, en el momento perfecto. Pues creo que algo parecido le ocurre al cine cuando piensa en música y a la música cuando piensa en cine, que no pueden dejar de andar el uno sin la otra, y de eso es […]

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